El 2 de abril de 2025, el presidente Donald Trump anunció una nueva política arancelaria, denominada “Día de la Liberación”. La medida impone un arancel general del 10% a todas las importaciones, incluyendo a las de Chile; con tasas específicas del 34% para productos chinos y del 20% para bienes de la Unión Europea. Además, se aplicará un arancel del 25% a los automóviles y autopartes fabricados en el extranjero.
La intención del gobierno es fomentar la manufactura local y reducir la dependencia de las importaciones. Sin embargo, el profesor de Economía de la Universidad de Minnesota Duluth, Bedassa Tadesse advierte sobre los riesgos de desincentivar la inversión extranjera y generar inestabilidad en el mercado.
Consecuencias en la industria automotriz
De acuerdo a análisis de Tadesse, el sector automotriz es uno de los más afectados por la medida. Según sus datos, en 2023, EE.UU. recibió inversiones extranjeras directas por más de 148.000 millones de dólares, de los cuales 42.900 millones estuvieron ligados a la manufactura, incluyendo plantas automotrices de Toyota, BMW y Hyundai.
“Si bien algunos fabricantes podrían aumentar su producción en EE.UU. para evitar los aranceles, existen barreras como costos laborales elevados, menor automatización y una infraestructura envejecida. Adicionalmente, el 40% de los componentes de los vehículos ensamblados en EE.UU. provienen del extranjero, lo que encarecerá la producción”, explica en un artículo difundido por AP.
Moody’s estima que modelos como la Ford F-150 y la Chevrolet Silverado podrían aumentar su precio entre 2.000 y 3.000 dólares. Goldman Sachs proyecta incrementos de hasta 15.000 dólares en algunos vehículos, lo que podría reducir la demanda y afectar el empleo en el sector.
Efectos en la economía y el comercio internacional
Los aranceles podrían beneficiar temporalmente a algunos sectores, pero generan efectos adversos en la economía en general. El aumento de costos en la cadena de suministro podría desacelerar la producción y reducir los márgenes de ganancia de diversas industrias, detalla Tadesse.
Empresas extranjeras podrían reconsiderar sus inversiones en EE.UU. si la incertidumbre persiste. Goldman Sachs ya ajustó su previsión de crecimiento del PIB de EE.UU. para 2025 de 2,2% a 1,7% debido a los riesgos comerciales.
A nivel internacional, países como Canadá, la Unión Europea y Japón han manifestado su rechazo a la medida y podrían imponer represalias comerciales. La UE evalúa impuestos a las empresas tecnológicas estadounidenses, mientras que el gobierno canadiense anunció que “responderá con firmeza”.
Un precedente histórico
Las políticas comerciales de EE.UU. han influido en la inversión extranjera en el pasado. En los años 80, los aranceles a vehículos japoneses impulsaron la apertura de plantas en EE.UU. Sin embargo, en ese entonces, las medidas fueron negociadas con los países afectados, a diferencia del enfoque actual.
El gobierno sostiene que la medida fortalecerá la economía nacional, pero el riesgo de una disminución de la inversión extranjera y el aumento de costos podrían tener un efecto contrario. El impacto final dependerá de la reacción de la industria, los consumidores y los socios comerciales internacionales.